Hay quienes encuentran en la charrería una afición; para otras personas se convierte en una forma de vida. Para la señora Liliana Salinas Valdés ha sido ambas cosas, pero, sobre todo, ha sido una herencia que aprendió a portar con orgullo y que durante más de cinco décadas ha llevado en el corazón.
Desde aquella niña que comenzó a vestir de Adelita y a mirar el ruedo con asombro, hasta la mujer que hoy sigue montando, compitiendo y enseñando, su historia se escribe a caballo, entre familia, amistades, competencias y recuerdos que todavía levantan polvo en el ruedo.
Su trayectoria, triunfos y la pasión por transmitir a las nuevas generaciones las tradiciones mexicanas a través de la charrería, la hacen un referente de este deporte no sólo en Coahuila, sino a nivel nacional.
Dedicada desde hace 52 años a vestir el traje de Adelita en la Escaramuza Internacional de Saltillo, creció en un ambiente donde la charrería formaba parte de la vida familiar.
“Desde muy niña comencé. Me llevaban a las charreadas a ver a una tía montar en la escaramuza”, relata con emoción.
Recuerda que fue por invitación de don Macario González que comenzó su carrera a los 11 años acompañada de su yegua Peregrina, que se volvió famosa por ser a la vez inquieta y muy rápida.
“Creo que marcamos una época”, asegura la señora Liliana tras reconocer que en aquel entonces, cuando la charrería no estaba tan reglamentada, se abría la puerta a cometer “atrocidades”.
En los 70 el vestido de escaramuza era corto, se usaba calzonera, no pantalonera como ahora, charreaban con el cabello suelto y sin sombrero. Las escaramuzas eran sólo exhibición.
Pero además, recuerda, eran “temerarias”, pues a falta de reglamento cabalgaban a toda velocidad, sin protección, lo que generaba muchos accidentes en el ruedo.
PASIÓN EN FAMILIA
El amor por la charrería proviene de casa. En particular de su abuelo, el traumatólogo Carlos Cárdenas Valdés, “El Rayito”, quien fue fundador de la Asociación de Charros de Saltillo y otras agrupaciones.
En gran parte él contribuyó a transmitir a la señora Liliana el orgullo por la charrería y el cuidado de los caballos.
“Yo aprendí de él a portar el traje de escaramuza con gallardía y orgullo”.
La charrería se convirtió en una pasión que la ha acompañado toda su vida y que la revitaliza en su día a día.
“Esto es salud, es bienestar, me subo al caballo y me lleno de energía. Mientras Dios me dé vida y salud, pues vamos a seguir en esto”.
A su esposo, Manuel Jiménez Flores, lo conoció como charro y la acompañó como chambelán cuando fue coronada como reina de la asociación en 1980. La familia de él también lleva la charrería en la sangre.
El periodo que tuvo a sus cuatro hijos: Manolo, Lupitina, Liliana y Diego, es la única etapa en que dejó la escaramuza. Fueron ocho años, recuerda, pero en 1997 regresó en forma definitiva a su gran pasión.
Sus hijas Liliana y Lupitina se integraron a la Escaramuza Internacional de Saltillo y la acompañaron en dos congresos nacionales, los cuales se convirtieron en sus competencias más entrañables.
“Llevo mucho en el corazón el Congreso de Puebla, porque ahí tuve la fortuna de montar con mis dos hijas, tanto en Puebla como en Hidalgo”, recuerda con alegría.
El primer Congreso Nacional Charro en el que compitió, celebrado en Tepic, Nayarit, también fue una de sus mejores experiencias en el ruedo.
“Me marcó mucho nuestro primer congreso nacional porque era el primero, porque yo estaba muy chiquita, tenía 12 años, y vivir toda esa experiencia para mí fue muy gratificante”.
EVOLUCIÓN CHARRA
La señora Liliana reconoce que el vestido de Adelita se ha sofisticado con el paso del tiempo, lo cual ha permitido darle mayor presencia y apego a la tradición mexicana.
Recuerda que hace 40 o 50 años las escaramuzas usaban telas brillosas o con bordados y escotes inadecuados, no había reglas en los ejercicios ni en el número de integrantes del equipo. Sin embargo, actualmente hay un reglamento al que deben apegarse.
“Eso nos da presencia y hace que sigamos fomentando la charrería de una manera más apegada a nuestra tradición”.
Las ocho integrantes del equipo deben portar el mismo vestido, el mismo tipo de bota, moño, banda, rebozo, pantalonera, la crinolina debe estar almidonada y los arreos del caballo deben ser todos iguales.
También debe haber un mínimo y máximo de ejercicios a realizar en el ruedo como giros, cruces, flores, escalera, coladera y el más vistoso: el abanico, conocido como el “recogedor de aplausos”.
TRIUNFOS A CABALLO
A lo largo de su trayectoria en la charrería ha recibido importantes premios y reconocimientos a los que tiene especial aprecio.
La Federación Mexicana de Charrería le otorgó su máxima presea: la Rosa de Oro en 1995, mientras que en 2021, la Asociación Charros de Saltillo le entregó el Sarape de Oro.
En el marco del 37 aniversario del Lienzo Charro Enrique González Treviño, en 2021, y en junio de este año, en el 59 Congreso y Campeonato Estatal Charro de Coahuila, ambos llevaron su nombre. “Me siento muy honrada”, asegura.
A lo largo de su participación en la Escaramuza Internacional de Saltillo ha sido ocho veces campeona en torneos estatales, además de bicampeona nacional en 1982 y 1983.
La trayectoria competitiva también incluye terceros lugares en Guadalajara (1989), Zacatecas (1990) y Puebla (1991), así como un subcampeonato en Zacatecas, en 1995.
En 2019, la señora Liliana fue también fundadora de la escaramuza Alma Charra de la categoría Charra Mayor, que tiene integrantes de Coahuila, Nuevo León, Chihuahua y Yucatán.
Con ellas inició una nueva etapa competitiva que en poco tiempo se tradujo en resultados nacionales.
En 2023 y 2025 se proclamaron campeonas en San Luis Potosí y Zacatecas, respectivamente, además de segundos y terceros lugares en Jalisco (2019 y 2022) y Querétaro (2024).
LOS GRANDES ALIADOS
En más de cinco décadas de trayectoria, a base de perseverancia y disciplina, la señora Liliana ha cultivado grandes amistades en el ruedo, pero sin duda algo también de lo más entrañable han sido sus caballos y los recintos en los que ha cabalgado.
Peregrina, su primera yegua rosilla, luego Peregrino (un tordillo de 35 años que aún conserva), así como Nube y Conde, han sido sus compañeros de aventura.
Asimismo, los lienzos que le han dejado gratas experiencias son el ubicado en la antigua feria, en el bulevar Jesús Valdés Sánchez, después “El Rayito” y el Enrique González Treviño, que ha sido como su casa, además de los de ciudades como Tepic, Guadalajara y San Luis Potosí.
Uno de los sueños que aún tiene pendiente por cumplir es lanzarse al ruedo acompañada de sus nietas, vivir el que en ellas nazca la misma pasión por la escaramuza y competir juntas.
UN SEMILLERO
Durante su trayectoria, la señora Liliana ha inspirado a otras mujeres y niñas a amar a los caballos y a la charrería. Sus hijas, sobrinas y otros miembros de la familia montan porque han visto en ella la pasión por el deporte.
Ella con toda sencillez y paciencia ha estado dispuesta a enseñarles, a arroparlas y así ser semillero entre las nuevas generaciones.
“En nuestra escaramuza no hemos buscado la competitividad por un premio o un lugar, ha sido para fomentar a nuestras niñas el amor por la charrería, por la escaramuza y poderlas enseñar”, dice.
La vida familiar, empresarial, de servicio público y la charrería no serían posibles para la señora Liliana sin una meticulosa agenda en la que cada evento está marcado con especial prioridad.
Esto implica poner orden y disciplina para dar a cada actividad el tiempo y dedicación que requiere.
“Esto nos ayuda a tener equilibrio en la vida y darle tiempo a las cosas que nos gustan y que nos hacen felices”.
Así, después de 52 años la señora Liliana Salinas Valdés no habla de despedidas. Habla de volver a montar, de seguir formando nuevas generaciones y de esperar el momento en que otras manos de su familia tomen las riendas, con un profundo amor por México y por el deporte nacional.