Édgar Delgado, manos que sanan
El regiomontano empezó desde niño a atender lesiones en humanos, pero hace seis años surgió la oportunidad de aplicar su técnica de quiropraxia en equinos
En sus manos tiene un don que ayuda a aliviar el dolor de los caballos. Con suavidad y cautela recorre palmo a palmo a un animal y es capaz de percibir lesiones que podrían ser imperceptibles para otro especialista.
Desde los 9 años Édgar Delgado Vázquez aprendió, de la mano de su abuelo y su padre, la profesión de quiropráctico. Era el ayudante, pero con el tiempo se especializó en Ciencias del Ejercicio y Fisioterapia Humana.
“Éramos los sobadores, los hueseros de la colonia, yo era el que cobraba y le ponía calor o ventosas a la gente”, relata.
Desarrolló una sensibilidad que durante 10 años le permitió atender a humanos y sanar lesiones deportivas o de mala postura, pero la pandemia le abrió un nuevo panorama y llegó una oportunidad inesperada: atender a un caballo.
Un reconocido jinete le pidió ayuda para atender lesiones que tenía su caballo, pero que otros especialistas no lograban identificar.
“El caballo mejoró, lo sobé, le puse energía, intención, y tengo testimonios de que algunos han ganado después de atenderlos”, afirma.
LA CHULITA
En el rancho Brío Natural, Édgar atendió hace semanas a La Chulita, una yegua sensible y reactiva que tenía una lesión que no se había detectado con precisión.
Al empezar a tocarla en el lomo, se inquietó, hizo una especie de espasmo manifestando que algo le molestaba.
Édgar pudo percibir que en las paravertebrales, los músculos que fusionan las vértebras, tenía una lesión causada por la montura.
A base de punción seca, parecida a la acupuntura, Édgar localizó los puntos tensos y de dolor conocidos como “nudos” musculares.
Cada aguja colocada desde el lomo hasta las patas liberó tensión y a la vez dolor.
“Es una máquina de músculos que la traen en friega, pero no le dan mantenimiento”, señala.
Casi una hora duró la sesión con La Chulita, la etapa final fue jalar su cola para ajustar su sistema osteoarticular, y luego darle un masaje con una máquina para que sus músculos se relajaran después de las agujas y el ajuste.
La recomendación fue que ese día la dejaran descansar y que durante dos semanas sólo realizara entrenamiento moderado.
Édgar recomienda repetir este proceso en los caballos tres o cuatro veces al año para evitar que las posibles lesiones del animal se prolonguen por mucho tiempo y sanarlas a tiempo.
UN SPA PARA EL CABALLO
Édgar considera que su terapia con los caballos es equivalente a ir al spa. Pero no sólo se trata de sanar una lesión, sino de darle atención y cariño al animal.
Él empieza por hacer conexión con el ejemplar, acariciarlo y hablarle.
“Le digo siempre al dueño que le voy a dar a su caballo lo que nadie le dio, que es bienestar y amor”, afirma.
Este conocimiento ha abierto nuevas oportunidades para Édgar, pues recientemente recibió una solicitud para crear un instituto en el que se podrán impartir cursos, talleres y certificaciones avaladas por el Consejo Nacional de Certificación de Competencias Laborales.
Es así como Édgar mezcla la ciencia y el arte manual para saber exactamente dónde, cómo y cuándo intervenir para devolverle al caballo su calidad de vida.
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