Pulso Ganadero: El gusano barrenador y la memoria del campo

Historias
/ 3 junio 2026

No viene a destruir la ganadería, viene a recordar cómo se sostiene

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POR: ANTONIO NEIRA. Productor de ganado Beefmaster y miembro del Comité Ciudadano de Fauna Silvestre, Región Centro.

En el campo, el silencio nunca es vacío. Es una pausa que observa. Es una espera que advierte. Es la tierra recordándonos que nada desaparece... solo se esconde.

Así ha vuelto el gusano barrenador. Sin estruendo. Sin anuncio. Sin pedir permiso.

Hubo un tiempo en que el ganadero aprendió a vivir con él. A revisarlo todo. A no confiarse de una herida pequeña.

A entender que, en cuestión de días, la vida de un animal podía cambiar por completo. Era parte del oficio.

Duro, incómodo, inevitable. Pero también era una escuela.

Luego vino la victoria. Una de esas que no hacen ruido, pero que cambian generaciones completas.

El gusano desapareció del norte, de los corrales, de las conversaciones. Y poco a poco, también desapareció de la conciencia.

Los viejos dejaron de hablar de él. Los jóvenes dejaron de conocerlo. Y el campo... siguió adelante.

Pero el campo no olvida. Solo guarda. Guarda lo que fuimos, lo que enfrentamos, y lo que, tarde o temprano, volverá a preguntarnos si estamos listos otra vez.

El regreso del gusano barrenador no es una sorpresa para la tierra. Es un recordatorio para el hombre.

$!El gusano barrenador es el desafío más importante que enfrenta actualmente el sector ganadero en el país.

Un recordatorio de que el equilibrio nunca es permanente. De que la sanidad no es un logro, es una responsabilidad. De que bajar la guardia en el campo siempre tiene consecuencias.

Hoy vuelve a aparecer en los potreros del sur. Hoy vuelve a avanzar, lento pero constante. Hoy vuelve a poner a prueba algo más que al ganado. Vuelve a medir la atención del ganadero.

Y mientras tanto, afuera del rancho, el mundo observa distinto. las exportaciones se detienen. Los mercados reaccionan.

Las decisiones se vuelven más duras.

Pero en el fondo, el problema no está en la frontera. Está en la relación que hemos construido con el riesgo.

Porque el gusano no entiende de tratados. No entiende de precios.

No entiende de urgencias comerciales. Entiende de descuidos.

Tal vez ese sea el punto más incómodo de aceptar: no regresó porque sea invencible, regresó porque hubo espacio para hacerlo.

Y ahora, el campo vuelve a colocarse frente a un espejo. Uno que no habla de tecnología ni de mercados, sino de disciplina, de constancia, de oficio.

De ese oficio que no se aprende en libros, sino caminando el potrero, revisando el animal, oliendo la tierra, entendiendo los tiempos.

El gusano barrenador no viene a destruir la ganadería, viene a recordar cómo se sostiene.

Porque habrá soluciones, como siempre las ha habido. Habrá tecnología, inversión, protocolos. Pero nada de eso sustituye lo esencial: un ganadero atento. Un ganadero presente. Un ganadero que no da por ganado lo que solo estaba contenido.

Quizá, dentro de algunos años, volveremos a hablar de su control.

Quizá volveremos a sentir esa tranquilidad que hoy parece lejana.

Pero si algo debería quedar claro esta vez, es esto: la sanidad no es una meta, es una forma de vivir el campo. Y el campo, cuando se le olvida, siempre encuentra la manera de recordarlo.

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