Paulina Gutiérrez: Las manos que rompen estereotipos
Entre acero y determinación, esta joven herradora redefine el oficio y rompe barreras en el mundo ecuestre
Con sus manos, un puñado de herramientas y profundo cariño, una joven coahuilense encontró no sólo un propósito para su vida, sino una forma profesional de cuidar a los caballos desde la perspectiva más básica: ayudarles a pisar firme.
Paulina Gutiérrez González es originaria de Sabinas, montaba a caballo desde niña, fue barrilera por algunos años y eso le permitió conocer todas las necesidades de estos animales, empezando por sus patas.
Su amor por los caballos le indicaba que debía ser veterinaria, pero cuando montaba tenía un especial interés en observar las patas de los caballos y de ahí nació su verdadera vocación como herradora.
Observar el dolor silencioso que sufre un animal cuando sus patas no pueden más, le hizo saber que con sus manos y las herramientas adecuadas les podía ayudar a estar mejor.
Investigó opciones y encontró un curso que le cambió la perspectiva y le dio rumbo a su profesión.
La Oklahoma Horseshoeing School le abrió un panorama totalmente nuevo para dedicarse a su verdadera pasión.
Ahí encontró un curso intensivo para aprender todo lo relacionado con el herraje de caballos.
Pero en un inicio, su primer paso fue irse a Estados Unidos, para lo cual tomó la difícil decisión de vender su caballo.
Primero vivió en Uvalde, Texas donde se graduó de Wildlife Management, una carrera relacionada con el cuidado y administración de los ranchos.
Después estuvo en la universidad Texas A&M de San Antonio, donde el plan de estudios no estaba relacionado con lo que ella quería, hasta que encontró el curso de Oklahoma gracias a un amigo.
‘HERRAR ES DE HOMBRES’
De sus papás recibió apoyo total, pero no contaba con que tendría que enfrentar críticas y comentarios machistas, pues el oficio de herrador es una actividad que sólo los hombres realizaban.
A muchos les costaba comprender cómo una mujer de apenas 23 años podía controlar a un caballo que pesaba hasta media tonelada, mientras le cambiaba los herrajes.
A cambio de su buena intención de mejorar la calidad de las patas de los caballos, recuerda que recibía burlas y la trillada frase: “tú no puedes”.
Pero con trabajo y esfuerzo ha demostrado que el género no define la calidad de su trabajo como herradora.
Paulina empezó a grabar videos de su trabajo y los posteaba en sus redes sociales, pues nadie le creía que realmente se dedicaba a ello.
“No es común ver a una mujer, y mucho menos joven, hacer este tipo de cosas”, relata.
Contrario a lo que esperaba, se desató una oleada de burlas y críticas, principalmente de hombres, pero las enfrentó con madurez, aplomo y la convicción de estar haciendo lo correcto.
“Es un trabajo pesado, pero no tiene género y lo puede hacer cualquier persona”, afirma.
El lado positivo que dejaron los videos de Paulina fue la oportunidad de impartir cursos sobre este oficio.
Esto le ha permitido llevar sus conocimientos y habilidades a otras partes de Coahuila y a entidades como el Estado de México, Aguascalientes, Chihuahua y Jalisco.
EL ARTE DE HERRAR
Paulina llega con sus caballos con su taller móvil, en él carga las herramientas y el deseo de ayudar al animal a caminar con firmeza.
Para ella el primer paso no es sacar las pinzas o el martillo, es más bien hacer empatía con el caballo, transmitirle confianza y seguridad para facilitar el proceso al cambiar las herraduras, ya que puede demorar hasta 90 minutos.
El recorte es la parte fundamental del herraje, es como “cortarse las uñas”, por ello es fundamental conocer la anatomía del casco del caballo para saber hasta dónde cortar.
Luego se corrigen defectos en el casco y se le da forma adecuada para adaptar la nueva herradura.
El uso de cuchillos, pinzas, escofina, martillo, clavos, clincher, yunque, requiere una habilidad quirúrgica para que cada paso se haga en forma adecuada y el trabajo sea impecable desde que se retira la herradura vieja hasta que se adapta una nueva que se acople a la forma del casco.
Paulina comenta que el herraje debe hacerse cada seis u ocho semanas en caballos que hacen trabajo diario o realizan deporte de alto rendimiento.
“Las patas de los caballos es un tema enorme, es el principal factor que tiene que estar bien para que un caballo pueda caminar, correr e incluso alimentarse”, señala.
Día a día Paulina se actualiza en el uso de nuevas herramientas y técnicas, pues su mayor orgullo es ver la comodidad del animal cuando sus cascos dejan de estar deformes o largos para después permitirle mejor movilidad.
“Cada vez que ayudo a un caballo me siento plena, feliz y que estoy cumpliendo mi propósito en la vida”, dice segura.
INSPIRACIÓN PARA LAS MUJERES
Además de los resultados satisfactorios con los caballos, Paulina está sentando un precedente entre mujeres que al verla también se quieren dedicar al herraje.
“Eres una inspiración”, “me quiero dedicar a esto”, “siempre me gustó, pero no sabía que las mujeres también pueden”, son algunos de los comentarios que ha recibido, y que le demuestran que enfrentar con valor los estereotipos valió la pena y dio resultados positivos.
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