Cuando los caballos dejan de ser caballos (mal trato animal)

Historias
/ 5 junio 2026

En ocasiones los animales tienen comportamientos que consideramos malos, sin entender que durante su cuidado en realidad no cubrimos sus necesidades básicas

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Cada vez es más frecuente ver en las redes vídeos viralizados de situaciones de “maltrato animal”, es decir, animales sometidos a violencia por parte de algunas personas.

Sin embargo, no nos damos cuenta que a veces en el anonimato y sin pensarlo caemos en situaciones de “mal trato”, que aunque pareciera un juego de palabras, es un término diferente que consiste en incumplir las necesidades básicas de un caballo.

Sin el ánimo de parecer extremista, hace unos días reflexionaba sobre todas las cosas que hacemos que van en contra de la naturaleza de un caballo y las hemos normalizado, lo que provoca comportamientos que en ocasiones consideramos malos por parte del animal sin entender que hemos modificado gran parte de su razón de ser y hoy les quiero enlistar algunos de ellos:

1. El caballo nació para ser libre y hemos cortado su libertad.

Los hemos encerrado entre cuatro paredes para satisfacer nuestro gusto por ellos, lo que implica que desarrolle conductas inapropiadas como jalar aire, el baile del oso o el síndrome de auto-mutilación.

Lo anterior por el exceso de energía comprimida y el estrés mental que les origina el encierro. En algunos casos he podido ver dueños de caballos que por no tener tiempo de ir a verlos y montarlos, los dejan encerrados por meses, imagine cómo viven un día esos caballos.

2. Los caballos son animales gregarios que necesitan socializar.

El que un animal sea gregario implica socialización y esto a su vez implica poner o seguir reglas. Al cortar su libertad, también limitamos estas dos condiciones que son las madres de muchos malos comportamientos.

En pocos lugares he visto que como parte del programa de entrenamiento se considere sacar a socializar los caballos, ya sean potros, castrados, yeguas o la combinación de varios, incluso los sementales, siendo que es algo indispensable si es que deseamos tener un caballo sano de la mente.

3. Los alimentamos contrariamente a lo que su naturaleza dicta.

Les damos de comer dos o tres veces al día, mientras que en la naturaleza pastan de día y de noche. Su alimentación está basada principalmente en forraje y nosotros le suministramos granos o sus derivados para tenerlos en una condición corporal inadecuada en muchos casos (obesos).

El estrés, la cantidad de comida y su calidad provocan cólicos, que en muchos de los casos son fatales. Además de todo lo anterior, los comederos en las caballerizas los ponemos en partes altas que provocan un desgaste irregular de sus molares e incisivos que con el tiempo ocasionan el desarrollo de filos, ganchos, rampas, etc., lo que a su vez incomoda y limita la vida de un caballo al no poder alimentarse adecuadamente.

$!Mientras en libertad los caballos pastan a toda hora, en cautiverio sólo lo hacen dos o tres veces al día.

4. Los herramos (ponemos herraduras).

El casco de un caballo es lo suficientemente duro para aguantar los requerimientos que su vida requiere, se hidrata al llegar a un arroyo a beber agua, selecciona las rutas más adecuadas para desplazarse sin lastimarse, camina y corre sólo lo necesario o se recorta de acuerdo a lo que le sobra.

Al tenerlos encerrados, se limitan todas esas condiciones de su naturaleza y además se propician algunas que perjudican su buena salud como la poca higiene de cascos, el recorte no frecuente, la poca hidratación o la humedad excesiva producto de orines y estiércol que provocan el desarrollo de hongos y bacterias sobre los mismos.

Si algún día lo sacamos a caminar, pocas veces pensamos en la ruta que elegiría un caballo si el tuviera en sus manos la decisión. Además, por nuestra necesidad de que desarrolle actividades que van en contra de su naturaleza, requerimos calzarlos con herraduras de acero, lo que origina otros problemas como la correcta angulación de los recortes y desbastes o el tamaño adecuado de la herradura.

5. Los arreglamos pensando en la estética y no en sus necesidades.

Para concursos y competencias acostumbramos recortar el pelo de las orejas y los vellos alrededor de sus narices y labios, sin tener en cuenta que son terminales nerviosas que les ayudan a evaluar las superficies que tocan en términos táctiles.

De la misma manera eliminamos los callos y pelo que se forman por detrás de los menudillos que sirven para que el exceso de agua o sudor no llegue a sus cascos.

En algunos otros casos, recortamos su cola o la inmovilizamos sin considerar que les sirve para protegerse de los insectos como moscas, zancudos o tábanos.

6. Los ponemos a hacer cosas sin sentido.

Al decir esto me refiero a cosas que para el caballo no tienen sentido como ponerlos a girar, a deslizarse, a saltar, a bailar, a ir de un lado a otro tras una pelota, a pasar obstáculos, entre otros.

Además, en muchos casos, su estructura morfológica no es la adecuada para desarrollar una actividad y “por nuestras pistolas” queremos que las ejecuten.

Mis reflexiones no son con la finalidad de poner al caballo en un aparador para sólo contemplarlo, como existen algunas posturas. Sin embargo, si lo invito a pensar en lo que necesita el caballo y no le damos de acuerdo a su origen, pues creo que es merecido después de tantas satisfacciones que nos brinda.

¡Hasta la próxima!

$!El encierro en las caballerizas les provoca estrés y reprime su energía.

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