Pulso Ganadero: Agua, el verdadero hato invisible del rancho
En el norte de México aprendimos a contar cabezas, hectáreas y kilos producidos. Rara vez a contar milímetros de lluvia, horas de escurrimiento o metros cúbicos captados
POR ANTONIO NEIRA Productor de ganado Beefmaster y miembro del Comité Ciudadano de Fauna Silvestre, Región Centro.
No aparece en los inventarios, no se marca con fierro, no se sube a una báscula ni se presume en catálogos genéticos. Sin embargo, sin agua no hay vacas, no hay pasto, no hay fauna y, mucho menos, futuro. El agua es el hato invisible del rancho: el que no se ve, pero sostiene a todos los demás.
En el norte de México aprendimos a contar cabezas, hectáreas y kilos producidos. Rara vez aprendimos a contar milímetros de lluvia, horas de escurrimiento o metros cúbicos captados. Y ahí empieza el problema.
El error histórico: producir como si el agua fuera infinita. Durante décadas, muchos ranchos se diseñaron bajo una premisa silenciosa: el agua siempre estará ahí. Bordos mal ubicados, abrevaderos sin control, pozos sobreexplotados y potreros pensados más por cercas que por cuencas.
La sequía no vino a quitarnos el agua; vino a cobrarnos esa deuda.
Hoy vemos hatos reducidos, potreros pelones y fauna desplazada. No es mala suerte. Es aritmética hídrica mal hecha.
El agua también se maneja (o se pierde). Así como se maneja el ganado, el agua se capta, se conduce, se distribuye y se protege. Cada gota que corre fuera del rancho sin control es una vaca menos mañana.
En la práctica, el manejo del agua en un rancho se define por tres decisiones clave:
-Dónde cae: topografía, microcuencas, pendientes.
-Dónde se queda: bordos, ollas, represas, infiltración.
-Dónde se usa: abrevaderos estratégicos, rotación, presión controlada.
Un bordo bien ubicado vale más que un pozo nuevo. Un abrevadero mal colocado puede destruir un potrero completo.
El agua ordena el pastoreo (aunque no lo parezca). Muchos planes de pastoreo fracasan no por el ganado, sino por el agua. El animal camina hacia el agua, no hacia el plan del técnico.
Cuando el agua está mal distribuida:
-Se sobrepastorean zonas cercanas.
-Se abandonan áreas productivas.
-Se compacta el suelo.
-Se acelera la desertificación.
Cuando el agua se planea correctamente, el pastoreo se ordena solo. El hato se mueve, el suelo descansa y el pasto responde.
Agua, fauna y ganadería: el equilibrio real. En ranchos cinegéticos y ganaderos, el agua es el punto de encuentro —y de conflicto— entre especies. Si no se maneja con criterio:
-La fauna desplaza al ganado.
-El ganado presiona a la fauna.
-Ambos terminan perdiendo.
Pero cuando el agua se multiplica y se distribuye, el rancho deja de ser un cuello de botella y se convierte en un sistema.
El hato que no se hereda, se pierde. Muchos ranchos se heredan con escrituras, fierros y marcas... pero sin mapas de agua, sin memoria de escurrimientos y sin criterio hídrico. El resultado es una nueva generación que produce a ciegas.
Invertir en agua no es una moda verde ni un discurso sustentable: es una decisión patrimonial. Es asegurar que el rancho tenga mañana.
Contar agua antes que vacas. Tal vez ha llegado el momento de cambiar la pregunta. Antes de decir “¿cuántas vacas aguanta el rancho?”, deberíamos preguntar:
¿Cuánta agua real tiene este rancho para sostener vida todo el año?
El día que el productor entienda que su hato más importante no se ve, ese día el rancho deja de sobrevivir y empieza a sostenerse.
Porque al final, el agua no es un recurso más.
Es el origen de todo lo que todavía vale la pena defender en el campo.